domingo, 30 de mayo de 2010

MI PATIO....




Mamá no era una mujer “normal”, era una típica mama del siglo XXI, podía trabajar, criarnos, cocinar y limpiar, pero siempre con una sonrisa dibujada en la cara. Papá la conoció en esos bailes de antes, la “cabeceo” como se decía en ese entonces, se casaron y se mudaron a Desolación, el pueblo donde me crie, mamá era profesora de educación física, siempre había soñado con ser odontóloga, pero por cuestiones económicas nunca pudo. Estaba divorciada y trabajaba todo el día, cuando podía se hacia un tiempo para jugar con nosotras, cocinaba masa y nos dejaba armar galletitas con formas extrañas para después comerlas, o nos dejaba usar su maquillaje, jugábamos a ser modelos, aunque siempre aparecían todos rotos, nos prestaba su ropa, para hacer Pasarella puertas a dentro, encerradas dentro de la fantasía de cuatro paredes, y sentirnos grande y hermosas pero, además del juego, nos sentíamos capaces de todo. No teníamos mucha plata, pero si hay algo que mamá tenia, era imaginación y practicidad para disimular la pobreza. Nos pasábamos horas jugando al lado de la venta en la casa que nos dejo papá…qué tiempos aquellos.
Camila me llevaba tres años, pero aun así jugábamos todo el día, mi patio era gigante, había dos árboles y dos hamacas oxidadas, mamá plantaba flores, y en una época hasta tomates y calabazas. Los yuyos se llevaban de mosquito, y cada piedra que levantabas era un sorpresa, algún nuevo insecto que investigar. Horas en el patio ayudaba a que nuestra imaginación volase y nos creyéramos Cenicienta, blancaniebes o Alicia en el país de las maravillas. Jugamos tanto, nos aprendíamos las conversaciones de las películas de Disney, para actuarlas después de la infaltable merienda. Mama nos había hecho un cuarto de juegos, ahí guardábamos todos los juguetes, sanos o rotos, todo servía a la hora de jugar, juguetes de plástico, barbies y mucha ropa, entre ellas había dos polleras, una roja de guata, con vuelo ideal para hacer de princesa entre los yuyos de jardín y otra blanca, bastante fea, con lunares verdes y olor a viejo, que por ser la más chica, me correspondía. A los 12 años, Camila se fue a vivir con papa, un hombre bastante frio, pero con una ternura y niñez oculta en la mirada, había quedado huérfano de chico y nunca supo bien como decir lo que sentía, no tenía patio... aun así, nos encantaba que nos llevara al campo a andar a caballo, cuando pintaba el aburrimiento nos devolvía con mama. Desde ese momento, empecé a jugar sola. No sabía bien que era lo que me atraía de las lombrices, pero el encerrarlas en un frasco y mirarlas, era para mí, toda una aventura. Juntaba unas cuantas, les echaba tierra y esperaba que hagan sus túneles. De chicos amábamos la naturaleza… no se que nos paso desde entonces.
Empecé a dejar de jugar en el patio, prefería escuchar música tirada en la cama, a veces miraba el patio pero desde la ventana, ya no en la hamaca ni mirando las nubes. Las películas de Disney ya no eran mi pasión, ni soñaba despierta con ser unos de sus personajes y tener mil aventuras, aunque, debes en cuando las miro, jamás volví a robarle la pollera a Cami mientras no estaba, ni puse lombrices en un frasco, ni le use el perfume importado a mamá, y ciertamente, jamás me sentí capaz de todo por usarle el pintalabios y ponerme sus tacos. Vendimos las hamacas y nos mudamos, el centro es mejor cuando sos adolecente, hay días en que recuerdo como olía el pasto de mi patio, en como esperaba que sea primavera para sentirme princesa entre las flores que mamá plantaba con una paciencia y una ternura jamás vista, recordaba el movimiento de mis hamacas, las mil formas que inventábamos torciéndola de un lado para el otro, las lombrices, cavar un pozo en la tierra húmeda, la emoción de encontrar una, solo un paleontólogo entendería esa sensación de plenitud.
Hace años que no voy al patio de mi antigua casa, una vez pase y vi unos niños jugando en el mismo árbol donde me raspe el codo por primera vez, donde mi mamá nos reto por haber bajado un nido, o cortado una rama para hacer una espada, ellos estaban ahí. Debo confesar que sentí celos y no sanos precisamente, celos de ver a unos intrusos disfrutando del patio que me vio crecer, quería ir y decirles que cada hoja de ese árbol me pertenecía y que en cada rincón de ese verde, había un pedazo de mi vida, pero resistí, después de todo yo me había ido, yo había abandonado a mi patio. Camino a casa, logre reflexionar y pensé lo que hasta entonces sostengo cuando la nostalgia se apodera de mi, ese patio formo parte de mi vida, es el recuerdo más grato de mi infancia, pero me reconforta pensar que ahora es instrumento de felicidad, risas y juegos para otros niños y que ellos cuidaran de él, tanto como lo hice yo, después de todo, mi patio no se sentirá tan solo por las tardes, crecerán sus flores y mil historias se colmaran de aventura sobre sus pastos y yugos. Dejé mi infancia donde ahora juegan esos niños, el patio y ellos se comvierten en uno, crean personajes, se sienten capaces de hacer todo, reviven mil historias y buscan lombrices.
Si me preguntan cual momento de tu infancia fue el más feliz, sin vacilar respondería, tirada en el pasto de mi generoso patio, creyéndome capas de todo y mirando las nubes.


Josefina Oscunepe…

miércoles, 19 de mayo de 2010

37 grados ( Un amigo invitado al baile, Diego J. Barrios)

Mirá como llueve…,

vos tan cerca,

yo tan lejos.

Melancólicas gotas

cristalizan la ventana,

serás siempre mi amor,

hoy lo se, no lo niego.

Mirá como llueve.

Recuerdo cada

oportunidad perdida,

recuerdo cada parte

de tus sonrisas.

Recuerdo mi ego,

mi lado sensible,

tu inocencia.

Mirá como llueve…

pensemos igual,

por favor, extrañémonos,

busquemos las palabras

que ya no nos diremos.

Bajo éste hermoso

cielo grisáceo

veamos juntos la lluvia,

solo por hoy

amémonos.


Y sin embargo.

Eres privado, eres prohibido,

Eres un sueño, y sin embargo te sigo,

Eres duda, eres pecado y castigo,

Eres letal veneno, Y sin embargo te bebo,

Eres diablo, eres invierno,

Eres hielo, Y sin embargo me quemo

Eres sed, eres desierto

Eres camino, y sin embargo me pierdo,

Eres anónimo, eres fulano,

Eres lejano, y sin embargo me atrevo,

No eres sinónimo, no eres adjetivo,

No eres mi antónimo, y sin embargo te escribo,

No eres magia, no eres deseo

No eres pasión, sin embargo te quiero,

No eres mío, ni eres ajeno,

Eres ilusión, y sin embargo te espero...

Mas Allá

Más allá del lumbral de lo cotidiano
Más allá de lo previsto y meditado,
Más allá de las reglas impuestas,
Más allá de lo proyectado,
Siempre me espera un camino,
un signo de pregunta y un atajo.

Más allá de mis historias y libros,
Más allá de lo resignado,
Me encuentro con mil lápices
Y mil hojas en blanco.

Más allá de los finales,
Más allá de los comienzos
Siempre me espera… más allá de todo,
La moraleja de cada cuento.