miércoles, 13 de junio de 2012

El poeta de los suburbios (meloso, pero vale)



Ilusiones de ensoñación
pestañas de limousina
cariño, con tu hermoso rostro
vierte una lágrima en mi copa
mira esos ojos
mira lo que significas para mí
pastelitos y batidos
soy un ángel ilusorio
soy un desfile de fantasía
quiero que sepas lo que pienso
ya no tendrás que adivinarlo
no sabes de dónde vengo
no sabemos adónde vamos
alojados en la vida
como ramas en un río atrapadas por la corriente
te llevo
me llevas
así podría ser
¿no me conoces?
no me conoces aún

Cuando la noche supera


Las luces de colores se mezclaban sobre las despintadas paredes, el bullicio y la música se trasformaron en un solo ruido, pesado y fastidioso. El humo impedía ver con claridad, aun así, observé con detalle las demás mesas, cada conversación, cada mirada y cada gesto. Miré el reloj reiteradas veces, cinco para ser exacta, con cada una soltaba un tedioso suspiro. Pedí una cerveza y seguí tratando de descifrar que pasaba en cada mesa, me intrigaba que era  lo que los unía ahí sentados, jugaba a imaginar sus posibles vidas y los motivos por los que se encontraban ahí esa misma noche, nunca iba a saberlo, pero al menos el tiempo pasaría más rápido.
      El entró, se sentó junto a mí con la misma expresión de siempre, se acomodó y pidió otra cerveza. Me contó su día, el trabajo, el tráfico, la rutina, yo solo asentía y le pegaba otro sorbo a mi cerveza, trataba de escucharlo, pero las charlas de las otras mesas me intrigaban un poco más, aun así me esforzaba para no dispersarme. El no dejaba de hablar, en un determinado momento, no se cual con precisión, note que la música sonada cada vez más fuerte, ahora solo lo podía verlo gesticular, moviendo sus manos continuamente, contando mil cosas que ya no tenían sentido para mi, comencé a sonreír, la sonrisa se trasformo en risa y la risa en carcajadas. Pegó un último sorbo a su vaso y lo apoyo haciéndolo sonar con fuerza contra la madera. La música disminuyo de golpe, la gente parecía haberse callado de un momento para el otro y mi risa de apagó rotundamente. Podía escuchar mi corazón latiendo y mi respiración aumentaba, miré a mi alrededor y todos se veían igual, hablaban y reían, podía ver sus bocas moverse a pocos centímetros de mi y no oír ni una sola palabra. Sentí miedo, tape mis ojos con mis manos, grite desde mi estomago, destape mis ojos y  él me miró seriamente y recomenzó su relato.
      La música comenzó a subir gradualmente, las voces se mezclaron y se volvieron a tornar ruido, yo no podía mover ni un musculo de mi cuerpo. Comencé de a poco a mirar alrededor y  ninguna persona pareció notarlo. El termino su monologo, sonrió, me dio un beso en la frente y se perdió detrás de la puerta del bar. Me quede  petrificada unos minutos, aturdida y desorientada. Pague las dos cervezas y volví a casa.

Imaginando otro final

Jugué tanto a la vida, que me olvide de vivirte. 
Sé que me piensas. 
Nos encontraremos allá, en el diminuto silencio de tu pieza, cuando a solas mires hacia afuera, y me imagines entrando, y yo, sonriendo, simplemente me despediré.

Monologo ¿Porqué a mi?


Lo extraño, siempre lo extraño. Como se extrañan las cosas que no se recuperan. Las palabras en papeles mojados, como los cigarros consumidos. Lo olvido, como se olvida lo alguna vez recordado, lo memorable, lo que no logramos olvidar. Guardo recuerdos de su sonrisa en algún rincón de mi infancia, en una imagen rota de mi adolescencia y en algún suspiro de mi prematura adultez.  Con la idiota fantasía de cambiar lo ya hecho y con una violencia envuelta en amargura. Me despido, siempre me despido, agito mi pañuelo como se despide un barco que ya zarpó.  Con la imagen disminuyendo, casi perdiéndose entre tantas cosas, mi pañuelo sigue agitándose. Los días se hacen noche, y la noches madrugadas, mil barcos llegan a los puertos y otros miles vuelven a ser despedidos, pero yo jamás aprendo a dejarlo ir. Mil palabras cruzan por mi cabeza.  Cómo dejar de ver lo que en realidad imaginamos? Cómo destruimos lo que jamás existió?  Cómo declarar una  guerra si el objetivo que marca el francotirador siempre es uno mismo? Alguna vez escuché decir que es mejor creer que todos son hijos de puta, entonces, si muestran la hilacha, no nos lastimarían. Vengo imaginando y soñando con el desde que tengo memoria, como dejarlo ir? Como negarlo sin negarme a mi misma?
Algunas personas  dejan su pueblo y recorren diferentes rumbos, diversos destinos. Colocan banderas, se quietan o siguen. Y algunas veces, solo algunas, vuelven a casa. Porque sigo imaginando que yo no tengo más lugar que a su lado? Porque me sigo torturando con fantasías baratas? Porque nos seguimos lastimando sin nada a cambio? Le di tanto, que ya no tengo nada, ya me canse de esperar, y con las manos vacías sigo preguntándome porque? Porque a mi?

Malditos domingos


Juntando los pedazos de la derrota, esperando que el tiempo, la vida y la suerte decidan por mí.

Esta cruel esperanza de la que no consigo liberarme

Compañías baratas que nos dejan recogiendo los vidrios en una mañana despiadada, no nos queda más que la fantasía burda de un pasado mejor.

La melancolía adicta a nuestros domingos se empeña en buscar los porque a las preguntas retoricas.